Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

eSdlA, peli vs libro, II-2: El Concilio de Elrond


Ya comenté que los capítulos del segundo libro de La Comunidad del Anillo son algo más extensos que los del primero. Éste se lleva la palma, pues es aún más largo que los otros. Siempre he considerado éste el punto de inflexión de la obra. Para alguien que no sea aficionado a la lectura, o que «lea lento» como suele decirse, este capítulo forma el límite a batir. Superado El Concilio, la narración se hace más rápida, los personajes toman una nueva dimensión, y el mundo presentado en la novela crece constantemente hacia el horizonte. Pero no nos adelantemos. Vayamos con el capítulo de hoy. Pido perdón anticipadamente por su extensión; incluso así, dejo muchas cosas sólo nombradas.

En el libro:

Junto a Bilbo y Gandalf, Frodo acude al Concilio convocado por el señor de Rivendel (Sam los sigue, a pesar de no haber sido invitado). Frodo reconoce unas pocas caras, mas Elrond se encarga de desvelar el nombre de los desconocidos: junto a Glóin, su hijo Gimli; junto a Glorfindel, otros consejeros de Elrond, de quienes Erestor era el jefe; Galdor, enviado por Cirdan desde los Puertos Grises; Legolas, enviado por Thranduil (éste aparecía en El hobbit, pero no aquél); y Boromir, llegado del Sur, que es descrito con mayor detalle. Por supuesto, también está allí Trancos, apartado en un rincón.

El narrador de la historia nos presenta únicamente la parte del Concilio que versa sobre temas interesantes para Frodo, pues no los había escuchado antes. Así, por mediación de Glóin se narra la partida de Balin (junto a Ori, Oin y mucha otra gente) hacia Moria, ocurrida treinta años atrás. Mucho más tarde, un año antes del Concilio, llegó un mensajero de Mordor, ofreciendo la amistad de Sauron a cambio de un anillo insignificante robado por un ladrón hobbit. Dáin decidió pedir consejo a Elrond, y avisar a Bilbo de la amenaza.

Elrond interviene entonces, dispuesto a ofrecer respuestas. «Para este propósito habéis sido llamados. Llamados, digo, pero yo no os he llamado, no os he dicho que vengáis a mí, extranjeros de tierras distantes. Habéis venido en un determinado momento y aquí estáis todos juntos, parecería que por casualidad, pero no es así». Preparado para contar la historia del Anillo por orden cronológico, comienza por hablar él mismo de los herreros de Eregion y el engaño de Sauron, de Númenor y los Reyes de los hombres, de la Última Alianza y el Daño de Isildur (el Anillo), de la caída de Arnor y la supervivencia de Gondor.

Interviene entonces Boromir, pues Gondor es su patria. Habla con orgullo de la defensa frente a los haradrim y los orientales, y frente a la Sombra, y se lamenta de la pérdida de Ithilien y de Osgiliath (ocurrida algunos meses atrás). El motivo de su viaje a Rivendel es que en la víspera del ataque sobre Osgiliath, su hermano tuvo un sueño que se ha repetido en otras ocasiones: una luz pálida hace frente a la tormenta que llega del este, y la luz grita unos versos «Busca la espada quebrada / que está en Imladris; / habrá concilios más fuertes / que los hechizos de Morgul. / Mostrarán una señal / de que el Destino está cerca; / el Daño de Isildur despertará, / y se presentará el Mediano».

Aragorn muestra entonces la espada rota, y Elrond revela que desciende de la línea de Isildur. Gandalf pide a Frodo que saque el Anillo. Boromir no parece confiar en que Aragorn y su espada rota sean los verdaderos, así que el montaraz toma la palabra y habla con orgullo del trabajo de los dúnedain y de su propia vida. «Poco me parezco a esas estatuas majestuosas de Elendil e Isildur tal como puedes verlas en las salas de Denethor. Soy sólo el heredero de Isildur, no Isildur mismo. He tenido una vida larga y difícil; y las leguas que nos separan de Gondor son una parte pequeña en la cuenta de mis viajes. (...) Los viajeros nos miran de costado y los aldeanos nos ponen motes ridículos. Trancos soy para un hombre gordo que vive a menos de una jornada de ciertos enemigos que le helarían el corazón, o devastarían la aldea, si no montáramos guardia día y noche».

Después de que Bilbo relate su aventura con Gollum, Frodo también cuenta lo sucedido en los capítulos previos. Galdor se pregunta qué dice Saruman del tema, y entonces es cuando Gandalf interviene por fin, despejando los misterios que quedan por revelar: su entrada en Dol Guldur y la huida del Nigromante (Sauron mismo), la visita a la biblioteca de Minas Tirith y la inscripción del Anillo, la caza de Gollum (contada por Aragorn), y su huida (relatada por Legolas). Por último, Gandalf explica su retraso, al narrar detalladamente su encuentro con Radagast el Pardo (enviado por Saruman para avisarle del peligro de los Nazgûl), la visita a Isengard, convertida en prisión debido a la jugada de Saruman, que ante el cambio de los tiempos, ha decidido ser uno de los poderosos: «Podemos tomarnos tiempo, podemos esconder nuestros designios, deplorando los males que se cometan al pasar, pero aprobando las metas elevadas y últimas: Conocimiento, Dominio, Orden, todo lo que hasta ahora hemos tratado en vano de alcanzar, entorpecidos más que ayudados por nuestros perezosos o débiles amigos». Gandalf termina su relato con su huida de Orthanc gracias a Gwaihir, una de las grandes águilas, su paso por Rohan, y su combate contra los jinetes negros en la Cima de los Vientos.

Se propone entonces la cuestión de qué hacer con el Anillo: enviarlo a las Tierras Imperecederas (donde no lo aceptarían), esconderlo o enviarlo a Bombadil (pero en ningún lugar estaría a salvo), usarlo (lo cual es demasiado peligroso) o destruirlo (lo cual sólo puede hacerse en el Monte del Destino). El viejo Bilbo se ofrece a llevar el Anillo, y Gandalf lo rechaza amablemente. Poco después lo hace Frodo, y Elrond lo acepta sin dudar. «Ésta es la hora de quienes viven en la Comarca, de quienes dejan los campos tranquilos para estremecer las torres y los concilios de los grandes». Por supuesto, Sam lo acompañará, igual que lo ha seguido a un Concilio secreto.


En la peli:

Después del encuentro de Frodo con sus amigos y con Bilbo, la escena El Destino del Anillo nos muestra a dos observadores de esas simpáticas escenas: Elrond y Gandalf, que hablan de la resistencia de Frodo y del fin de los días de los elfos. Gandalf pone su confianza en la raza de los hombres, pero Elrond muestra una actitud cercana a la animadversión, debido a lo que considera una traición por parte de Isildur, tres mil años atrás. Este sentimiento es completamente ajeno al personaje de la novela (sería lo que los fanfics denominan «Out of Character»), que apoya a los dúnedain y tiene a Aragorn en un pedestalito particular. En un momento dado, Gandalf dice que Saruman ha creado una raza nueva mezclando «orcos y duendes» («orcs and goblin-men» en el original en inglés). Esto, por supuesto, es un absurdo (empeorado en la traducción), ya que Saruman usa a los orcos y a la raza de los hombres brunos, descendientes de los dunlendinos que no se aliaron con Gondor y Arnor.

La versión extendida amplía la siguiente escena, La Espada que fue Quebrada, donde pueden verse los fragmentos de Narsil colocados, al parecer con cierta reverencia, en una estatua que ocupa el centro de una habitación con un enorme mural en el que Isildur sostiene el fragmento de la empuñadura, tal y como puede verse en el prólogo. Caigo ahora en la cuenta de que toda esa habitación no cuadra en absoluto con la actitud de Elrond que he comentado. ¿Cómo cabría tal sala en una casa cuyo señor piensa que los hombres no son dignos de confianza? La escena se centra en la actitud de Boromir ante ese objeto, que en cierto modo adelanta sus palabras en el Concilio.

Los Evenstar es el título en castellano de la siguiente escena, que debería llamarse Estrella de la Tarde. En el libro, Frodo ve que Aragorn y Arwen, la hija de Elrond, mantienen una conversación; pero no sabremos lo que se han dicho hasta llegar a los apéndices. Aquí se nos presenta ya la historia de amor y la renuncia de Arwen a su inmortalidad. Aunque el regalo del colgante se hace más avanzada la novela, la inclusión de la escena es acertada.

Y luego llega El Concilio de Elrond. Directamente, Frodo muestra el Anillo, y Boromir lanza su perorata sobre utilizarlo para vencer al Enemigo. No es que su pensamiento diverja demasiado del mostrado en el libro, donde el uso para la lucha es tratado de pasada; pero allí es un personaje honorable, orgulloso, mientras que aquí, desde el principio, sabes que la cosa va a acabar mal. Tanto, que dudo mucho de que Elrond o Gandalf le permitieran viajar junto al resto de la Comunidad, habida cuenta de su deseo de poseer el Anillo. Por si fuera poco, sus palabras al descubrir que Aragorn es el heredero de Isildur («Gondor no tiene rey. Gondor no necesita rey») corresponden a la actitud de su padre, Denethor, más que a la suya, ya que en el libro piensa que la Espada reforjada -y, por tanto, quien la esgrima legítimamente- puede ayudar en la lucha contra Mordor. Finalmente llega la discusión sobre quién llevará el Anillo, de nuevo en una escena muy distinta a lo sucedido en la novela, donde ni siquiera interviene Gimli, y Legolas lo hace escasamente. Esta escena adelanta a la obra, ya que la Comunidad aparece formada al acabar el Concilio.

Por tanto, la adaptación de este capítulo no me parece buena en absoluto. Los capítulos previos se veían lógicamente resumidos (eliminando algunos personajes y eludiendo un par de escenas), pero en los diálogos se trasladaban las mejores frases de la novela. En el presente fragmento, que en el libro presenta toda la historia del Anillo y los problemas causados por Mordor, falla al crear diálogos demasiado directos, y actitudes que no parecen sinceras en este punto de la trama. Ahora que no están las frases extraídas directamente de la novela para sostenerlo, el guión parece cojear. Ni Elrond piensa mal de los humanos, ni Boromir parece querer lanzarse sobre el Anillo. En lugar de presentarse todos como voluntarios para llevar el Anillo a Mordor, en la novela no se presenta nadie. Si tanta falta hacía demostrar que Arwen no es simplemente una decoración, ¿por qué no meterla aquí, y darle las frases de, por ejemplo, Erestor -que no es nombrado siquiera-, en lugar de sustituir a Glorfindel en la huida hacia el Vado?


El próximo día veremos cómo El Anillo va hacia el sur.

2 comentarios:

  1. Encontré muy decepcionante la adaptación de este capítulo, clave en la novela, y de mis favoritos. Sobre todo, como dices, la parte referente a Boromir, a quien le quitan algunos diálogos muy buenos, y lo dejan en más bien poca cosa.

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    1. Efectivamente.

      El tratamiento de algunos personajes, como ya veremos más adelante, es particularmente sangrante. En el caso de Boromir adelantan mucho su caída en la sombra.

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