Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Nuevas incorporaciones a las Garras del Fénix


A los dos novatos que visitaron nuestra mesa de juego el otro día parece que el asunto les resultó entretenido, y han decidido unirse al grupo. En aquella ocasión jugaron con un par de PJ prestados, pero ahora ya tienen sus propios personajes.

Considero que con el primer personaje de un jugador se debe cumplir sus deseos y expectativas al máximo. No ocurre así con jugadores ya experimentados, a los que se les puede negar la posibilidad de, por ejemplo, llevar un druida si ya hay uno en el grupo, o de hacerse otro mago igualito al que ha estado llevando los últimos meses.

A veces puede resultar difícil representar, dentro de los términos del sistema de juego, las diferentes capacidades que están integradas en ese concepto de personaje que pueden tener los novatos. En otras ocasiones, la literatura y los videojuegos facilitan las cosas.

Así que cuando uno de los nuevos jugadores hacía referencia a Haplo y Drizzt (respectivamente, personajes de El ciclo de la Puerta de la Muerte y de Reinos Olvidados), resultaba bastante claro que en el Sd12 le vendría bien un guerrero con habilidades dracónicas. Y si al otro le gustan las diferentes entregas de The Witcher, pues no hay motivo para no crear otro guerrero con ciertas «señales» que aunque no estén en el sistema de reglas pueden adaptarse del propio videojuego sin demasiados quebraderos de cabeza.

Así es como nacieron Fanmai y (hasta que se le ocurra algo mejor) Geralt. Más abajo podrán ver las miniaturas. He usado las figuras de Games-Workshop que representan a Elladan y Elrohir, los hijos de Elrond. Lo difícil del pintado era dotarlas de una personalidad propia, ya que ambas minis son bastante similares.

También tenemos a Drar, un PNJ de especie duerga que pasó a ser jugado por un habitual del grupo que habíase quedado momentáneamente sin personaje. En las últimas sesiones lo había representado en mesa por una miniatura de «enano genérico», con la que estaba haciendo pruebas. Ahora, coincidiendo con el paso del personaje a otro jugador (ya les comentaré más sobre ello en el próximo diario de campaña, que está al caer), he escogido otra figura: un portaestandarte de regusto clásico, al que he limado el extremo de la pieza donde encajaría el estandarte, para simular que va armado con una lanza o venablo.

Por último, les dejo una imagen del grupo al completo. Como pueden ver, incluso apretujándolos, la foto se les queda pequeña.









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