Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Antim y los Santos Rúnicos (I)

La etiqueta de "Mitología" señala las entradas que incluyen la descripción de los panteones en el entorno de Lüreon. En entradas anteriores, he resumido algunos aspectos de la Tríada duerga, y de los antiguos Poderes de Aorista.

Hoy, sin embargo, me voy a acercar a una deidad cuyo culto es algo más moderno (relativamente). Se trata de Antim, el dios creador, único y poderoso, adorado por los braerios de las tierras centrales. La organización de su Iglesia comienza justamente con el ascenso (en número y en influencia) de las cortes braerias; ascenso propiciado por el brusco final de la cultura oretana, hacia el Ciclo de los Soles 4000.

El nombre de Antim significa literalmente Un-Poder, aunque se trata de un nombre 'construido' en oretano a modo de eufemismo, que acabó sustituyendo a la palabra braeria que identificaba al dios (pues ésta se había convertido en tabú). Según los teólogos de su culto, se trata de una deidad fuerte y guerrera, máxima expresión de un pueblo superior destinado a dominar el mundo. Antim vela por su pueblo en momentos de necesidad, mas exige los sacrificios adecuados de sus fieles. Antim creó Lüreon y todo lo que está sobre el mundo, y es su deseo que otros cultos, simples herejías y engaños provocados por la imperfección humana, sean erradicados. Antim es, en definitiva, el centro de la espiritualidad de los braerios.

Para entender esta religión es indispensable recordar el día en que el Emperador de Braeria, Kalio Bene II, se autoproclamó Patriarca de la Iglesia de Antim. Una de sus primeras decisiones fue promulgar una ley según la cual todo uso de la magia debía ser detenido, pues no se trataba más que de una sombra del poder de Antim. Los únicos que escaparían a esta prohibición serían los Guardianes de la Palabra: clérigos sobre cuyos cuerpos la Llama Esmeralda había dibujado las Runas de Poder. Nacía así la Iglesia Rúnica, y durante tres años las Guerras Noumenales se extendieron por toda la superficie de Lüreon. Pero eso es otra historia.

Para el resto de las naciones de Lüreon, la Iglesia Rúnica es el símbolo de la represión y el retraso moral de los imperiales. La religión de Antim se ha convertido, con el transcurso de las centurias, en algo temido y odiado. Sin embargo, existen algunos lugares (lejos de la capital imperial, y particularmente en la nación de Arëk) donde el culto a Antim se realiza en una atmósfera de comprensión y solidaridad.

Naturalmente, el pueblo llano necesita muchas veces que la deidad esté más cerca de ellos, y a pesar de la clara existencia de Su Palabra, el culto necesita intermediarios más cercanos. Poco a poco, las leyendas locales, la tradición del recuerdo por los familiares perdidos y el trasfondo militar del Imperio de Braer se fueron uniendo para conformar una suerte de conjunto mítico en torno a la figura de diversos Santos Rúnicos. Se trata de personajes del pasado que, gracias a su decisión en el campo de batalla o a su espíritu de superación, fueron bendecidos por el poder de Antim.

Por una parte, existe una gran celebración a mediados de Carencia durante la cual se recuerda a los guerreros caídos defendiendo las fronteras del Imperio (o tratando de expandirlas), se honra a los heridos o tullidos en esas mismas circunstancias y se agasaja a las familias de unos y otros. Este día se conoce simplemente como el Festival de los Santos Rúnicos, y se disfruta de varias misas solemnes y de un gran banquete en el que los vecinos van desplazándose de vivienda en vivienda con cada uno de los platos. Pero además, a lo largo del año hay ciertas festividades en honor de unos pocos santos particulares: aquéllos que alcanzaron (en vida o ya muertos) un renombre suficiente como para ser bendecidos por la Iglesia Rúnica.

De estos últimos nos encargaremos en un par de entradas futuras.

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