Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

eSdlA, peli vs libro, II-8: Adiós a Lórien


En este episodio, tercero que toma como referencia Lothlórien, la Compañía abandonará el refugio de la Dama Galadriel para continuar su viaje, hacia un terrible final.

En el libro:

Galadriel y Celeborn convocan a la Compañía, para consultar quiénes desean seguir la misión que les fue encomendada. El Señor de Lórien les proveerá de unas embarcaciones livianas, que les servirán durante parte de su marcha por el Anduin, el Río Grande.

Durante su última noche en Lórien, el grupo discute sobre si marchar hacia Minas Tirith o ir directamente hacia Mordor. Boromir comienza a mostrar una extraña actitud: «Si sólo te propones destruir el Anillo -dijo-, la guerra y las armas no te servirán de mucho y los hombres de Minas Tirith no podrán ayudarte. Pero si deseas destruir el poder armado del Señor Oscuro, sería una locura entrar sin fuerzas en esos dominios y una locura sacrificar... -Se interrumpió de pronto, como si hubiese advertido que estaba pensando en voz alta-. Sería una locura sacrificar vidas, quiero decir».

A la mañana siguiente un grupo de elfos les hacen entrega de comida (principalmente las galletas llamadas lembas) y de unas capas con capucha. «Era difícil saber de qué color eran: parecían grises, con los tonos del crepúsculo bajo los árboles; pero si se las movía, o se las ponía en otra luz, eran verdes como las hojas a la sombra, o pardas como los campos en barbecho al anochecer, o de plata oscura como el agua a la luz de las estrellas». Haldir regresa desde el norte, pues será de nuevo su guía. Los conduce fuera de Caras Galadon, hacia un embarcadero situado a unas diez millas, en el Cauce de Plata.

Allí toman sus tres embarcaciones, ultimando la partida. Poco después llegan Celeborn y Galadriel, en una gran embarcación con forma de cisne. La Dama canta con voz triste («He cantado las hojas, las hojas de oro, y allí crecían hojas de oro»). Celeborn les nombra las tierras que deberán seguir en su viaje, y Galadriel les entrega unos regalos: una nueva vaina para Andúril y un broche con forma de águila y con una gema verde engastada (una señal de esperanza de Arwen) para Aragorn; un cinturón de oro para Boromir; cinturones de plata para Merry y Pippin; un nuevo arco y un carcaj para Legolas; una cajita con tierra del jardín de la Dama para Sam; un mechón de cabello para Gimli («No deseo nada, Dama Galadriel -dijo Gimli inclinándose y balbuciendo-. Nada a menos que... a menos que se me permita pedir, qué digo, nombrar uno solo de vuestros cabellos, que supera al oro de la tierra así como las estrellas superan a las gemas de las minas»); y un frasco con la luz de Eärendil en su interior para Frodo.

Por fin, la Compañía parte en las embarcaciones, y pronto su marcha desemboca en el Anduin.


En la peli:

Este capítulo aparece adaptado en la escena del mismo título, Adiós a Lórien, aunque antes aparece El guerrero Uruk-hai (debiera decir «Los guerreros») donde Saruman  le come un rato la cabeza al líder de la partida de orcos que buscará a la Compañía, y luego se ve cómo los orcos menores les entregan armas. Es una escena inventada, por supuesto, pero no está mal; hace una pausa dramática durante la estancia de la Compañía en Lothlórien y explica la presencia de los orcos de la Mano Blanca un poco más adelante.

Lo que ya no está tan claro es por qué Celeborn sabe de la presencia de unos orcos con ese signo (algo que se descubre únicamente al comienzo de Las Dos Torres), tal y como le cuenta a Aragorn en los minutos añadidos de la escena que nos ocupa. Contemplamos a la Compañía subirse a las barcas (me encanta el detalle de Sam, en el que sin utilizar diálogo han mostrado su miedo y reticencia a usar ese medio de transporte), y luego comenzar el viaje por el Anduin, mientras cada uno de ellos va recordando los regalos que le ha hecho la Dama, en una serie de analepsis brevísimas. Hay algunos cambios aquí, bastante tontos e innecesarios. A Aragorn le dice que ya tiene su regalo (no le puede dar el colgante que en la adaptación le ha dado Arwen durante su parada en Imladris, y sería estúpido darle una vaina para una espada que, en la película, todavía tienen que forjar); a Merry y Pippin les entrega sendas dagas (aunque no sabemos si tendrán cinturones para llevar tantas armas); y a Sam una cuerda élfica (que, en la novela, se alegra al encontrar en la barca). La ausencia de la cajita de tierra adelanta lo que para mí es un fallo imperdonable al final de la trilogía (que no aparezca El saneamiento de la Comarca). Por su parte, Boromir ni siquiera aparece. No me extraña que quiera hacerse con el Anillo, si al pobre le han dejado sin regalo. Los únicos correctos son el arco de Legolas (aunque sin carcaj), el frasco de Frodo y, sobre todo, el punto central de la escena: los cabellos de Galadriel para el enano.

En definitiva, un capítulo adaptado sin pena ni gloria. El embarcadero parece estar en la propia Caras Galadon, y no hay presencia de Haldir (al que luego, incomprensiblemente, meterán con cuña en Las Dos Torres). Aunque el recurso de las analepsis está muy bien realizado y le da cierta agilidad a la escena.


En la próxima ocasión, seguiremos el viaje por El Río Grande.

No hay comentarios:

Publicar un comentario