Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

eSdlA, peli vs libro, II-4: Un viaje en la oscuridad


Primero de los dos capítulos que tienen lugar en Moria. La narración comienza bastante tranquila, pero poco a poco va acelerándose hasta alcanzar el episodio siguiente, con bastante más acción de lo habitual en El Señor de los Anillos.

En el libro:

Gandalf aprovecha el descanso nocturno para proponer su nuevo plan, el camino de las Minas de Moria. «Desde el comienzo, cuando consideré por vez primera este viaje, pensé que valía la pena intentarlo». Pero el nombre es tétrico, y encuentra resistencia en el grupo. Gandalf insiste: «Si hay orcos allí, lo pasaremos mal, es cierto. Pero la mayoría de los orcos de las Montañas Nubladas fueron diseminados o destruidos en la Batalla de los Cinco Ejércitos. (...) Hasta es posible que haya enanos allí y que en alguna sala subterránea construida en otro tiempo encontremos a Balin, hijo de Fundin». Gimli apoya la idea, por supuesto, y Frodo, en quien recae la decisión, decide esperar a la luz del día.

Pero el viento trae los aullidos de los lobos, y tiene lugar un intercambio bastante famoso: a las palabras de Boromir «El lobo que se oye es peor que el orco que se teme», responde Aragorn «Pero donde el huargo aúlla, el orco ronda». La Compañía sube a una loma, para defenderse en torno a un fuego. Entonces tiene lugar un combate, aunque a Tolkien le basta un pequeño párrafo para transmitir la acción: «A la luz de la leña nueva que se inflamaba y ardía, Frodo vio muchas sombras grises que entraban saltando en el círculo de piedras. Otras y otras venían detrás. Aragorn lanzó una estocada y le atravesó la garganta a un lobo enorme, uno de los jefes. Golpeando de costado, Boromir le cortó la cabeza a otro. Gimli estaba de pie junto a ellos, las piernas separadas, esgrimiendo su hacha de enano. El arco de Legolas cantaba». Gandalf usa un sortilegio de fuego, y hace huir a la manada.

La Compañía llega durante el día siguiente a las puertas de Moria, donde el antes ruidoso río Sirannon, con sus saltos de agua, ha desaparecido para transformarse en un embalse oscuro y tranquilo. La luz de la luna arranca los destellos de la Puerta, una vez Gandalf pronuncia las palabras adecuadas, y se revela el acertijo: «Habla, amigo y entra». El mago intenta las fórmulas élficas que conoce, y Boromir, nervioso, lanza una piedra al agua. Frodo le increpa ligeramente: «Tengo miedo de la laguna. ¡No la perturbes!». Finalmente, Gandalf se ríe y pronuncia la solución, «la palabra amigo en élfico».

Justo cuando Gandalf se dirige hacia el interior, Bill, el poney, sale huyendo (aunque de todas formas no iba a poder entrar), y Frodo es agarrado del tobillo y arrastrado por un largo tentáculo, provisto de dedos, que surge del agua. Sam acuchilla aquel apéndice, y consigue liberar a Frodo, pero surgen otros veinte tentáculos. Todos corren hacia las puertas, que son enganchadas por los serpentinos brazos y cerradas; un montón de peñascos parecen taponar la salida.

Comienza entonces un largo viaje, interrumpido por breves descansos, a través de «escaleras y arcos y pasadizos y túneles». Al llegar a una encrucijada particularmente difícil, Gandalf decide hacer un descanso más largo. Por suerte, encuentran lo que parece una sala de guardia, con un gran pozo en su centro. Mientras los otros preparan las mantas, Pippin se acerca al borde y lanza una piedra, lo que causa que, al momento, se oigan algunos golpes de martillo, que se apagan poco después.

Al día siguiente, tras una larga jornada, la Compañía alcanza una sala más amplia, con «un vasto cielo raso sostenido por numerosos y poderosos pilares tallados en la piedra». Durante el descanso (pues allí mismo pasan la noche), para responder a Sam, Gimli canta una vieja tonada enana, «El mundo era joven y las montañas verdes». Gandalf habla entonces del mithril, refiriéndose de pasada al Daño de Durin y a la cota de malla de Bilbo.

La luz del día les alcanza, pues en los salones superiores existen largas aberturas en las paredes. Para intentar guiarse, Gandalf decide explorar uno de los pasillos laterales, lo que conduce al grupo a un pequeño cuarto donde se halla el sarcófago de Balin. «Está muerto entonces -dijo Frodo-. Temía que fuera así. / Gimli se echó la capucha sobre la cara».


En la peli:

Tras descender del Caradhras, la Compañía llega rápidamente a las puertas, en la escena titulada Moria. Las palabras de Gandalf son calcadas a las del libro, aunque la participación de Frodo en la resolución del acertijo es nueva. Por otra parte, en la novela todos los personajes sienten temor por el lugar en el que se encuentran, y por quedarse atrapados entre los lobos y las puertas cerradas, y si Boromir lanza la piedra al agua es por desazón y contrariedad. Aquí parece que Merry y Pippin no piensen más que en jugar. Por otro lado, nada más abrir las puertas ya encuentran cadáveres, y saben que los orcos están presentes, mientras que en el libro hay una gran incertidumbre. El kraken de la película resulta soberbio e impactante, por supuesto.

En Un viaje en la oscuridad, la Compañía avanza rápidamente hasta la gran sala de columnas. En la encrucijada, tiene lugar la conversación entre Frodo y Gandalf a propósito de Gollum, que tiene lugar en los primeros episodios de la novela. Allí, Frodo simplemente comienza a tener la sensación de oír los pasos de unos pies descalzos, siguiendo a la Compañía.

Finalmente, los héroes encuentran El sepulcro de Balin, escena ampliada en la versión extendida, lo mismo que las dos anteriores. Mientras están allí, Pippin lanza por accidente el cadáver de un enano al pozo (¿un pozo en la Cámara de los Registros?), lo que causa el enorme estruendo que en el libro tiene lugar mucho antes. Es entonces cuando comienzan a sonar los tambores, y enseguida llegan los orcos. Puestos a poner pegas (poniéndonos exquisitos), yo me preguntaría cómo es posible que llegue al sepulcro el cuadrado de luz (tal y como se describe en el libro) si en la encrucijada tomaron el camino descendente (cuando en la novela es al contrario, de tal forma que alcanzan los salones superiores). También es gracioso que todo el libro que encuentran en la cámara de los registros esté escrito con runas enanas, ya que la parte final está en realidad en élfico (y Gimli cree que puede ser la letra de Ori).

En resumidas cuentas, este largo capítulo se resume bastante, y aunque se cambian algunos detalles, el guión sigue fielmente los diálogos de la novela. La adaptación está a la altura de los capítulos iniciales, ocurridos en la Comarca, aliviando el mal sabor de boca que nos dejó la parte de Rivendel. Y en lo que respecta al apartado visual, Moria es tal y como muchos la imaginábamos.


En una cercana ocasión podremos ver a la Compañía cruzar El puente de Khazad-dûm.

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