Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

eSdlA, peli vs libro, II-5: El puente de Khazad-dûm


A partir de este capítulo, el quinto del libro II de La Comunidad del Anillo, cada episodio recupera una extensión considerablemente menor, más parecida a la de los capítulos que abrieron la novela. Esto hace que los personajes parezcan avanzar más deprisa en su viaje, y la narración se acelera.

En el libro:

En la tumba de Balin, la Compañía encuentra «muchos huesos desparramados y entre ellos espadas y hachas rotas y escudos y cascos hendidos. Algunas de las espadas eran curvas: cimitarras de orcos con hojas negras». En un nicho de la pared encuentran un libro, desgarrado, apuñalado, manchado y quemado en parte, que registra los azares de la expedición de Balin, desde la expulsión de algunos orcos hasta la muerte de Balin y el ataque orco que puso fin a la colonia.

Justo cuando, ya orientados, deciden salir de la sala, son asaltados por muchos orcos, liderados por algunos uruks negros de Mordor, y en compañía de al menos un troll de las cavernas. «Cuántos eran, la Compañía no pudo saberlo. En un principio los orcos atacaron decididamente, pero el furor de la defensa los desanimó pronto. Legolas les atravesó la garganta a dos de ellos. Gimli le cortó las piernas a otro que se había subido a la tumba de Balin. Boromir y Aragorn mataron a muchos». La horda huye, pero al poco regresa, liderada ahora por un enorme jefe, que logra golpear a Frodo con su lanza. Aragorn acaba con él, haciendo huir al resto, y anima a la Compañía a huir por la otra puerta.

Todos huyen escaleras abajo, aunque Gandalf se queda junto a la puerta, para cerrarla con un conjuro. Sin embargo algo o alguien muy poderoso lanza un contraconjuro, y la lucha de poder destruye la puerta y derriba parte del techo. La huida continúa, en busca de la salida de Moria. Los orcos los acosan, y sus filas se abren para dejar paso a lo que incluso ellos temen: «parecía una gran sombra y en medio de esa sombra había una forma oscura, quizás una forma de hombre, pero más grande, y en esa sombra había un poder y un terror que iban delante de ella. (...) Las crines flotantes de la sombra se encendieron y ardieron detrás. En la mano derecha llevaba una hoja como una penetrante lengua de fuego y en la mano izquierda empuñaba un látigo de muchas colas». Un balrog: el Daño de Durin.

Gandalf frena su huida en el Puente de Durin, y se enfrenta a la criatura: «No puedes pasar. Soy un servidor del Fuego Secreto, que es dueño de la llama de Anor. No puedes pasar. El fuego oscuro no te servirá de nada, llama de Udûn. ¡Vuelve a la Sombra! No puedes pasar». El choque contra Glamdring rompe en pedazos la hoja roja del balrog, y justo cuando Aragorn y Boromir van en ayuda del mago, éste rompe el puente ante él. Lamentablemente, el balrog logra envolver las rodillas de Gandalf mientras cae, arrastrándolo al abismo. «¡Huid, insensatos! -gritó, y desapareció».

En las Grandes Puertas, Aragorn abate al capitán de la guardia de orcos, haciendo huir al resto y abriendo paso para la Compañía, que se aleja del alcance de las flechas. «La pena los dominó a todos al fin y lloraron: algunos de pie y en silencio, otros caídos en tierra».


En la peli:

La escena El sepulcro de Balin contiene todo el asalto de los orcos. La acción es frenética, y en general está bien representada. Decidieron incluir al troll de las cavernas, que en el libro tiene una importancia muy secundaria, pero creo que no hacía falta que fuera él (y no el jefe orco) el que alcanzara a Frodo, que incluso con la cota de mithril quedara hecho papilla al ser aplastado entre la lanza y la pared.

Y luego llega El puente de Khazad-dûm, con el que tengo sentimientos contradictorios. En el libro, la Compañía llega por el «lado bueno» de la sala, más allá del abismo repleto de fuego. Sin embargo, aquí nos plantan una escena «de plataformas», con esa escalera que se va rompiendo a cachos y, ¡qué justo! el pilar que cae hacia donde desea Aragorn. Por si fuera poco, comienza el ridículo uso de Gimli como personaje gracioso («¡De la barba no!»), como si a los guionistas no les bastaran los hobbits. Lo que sí está brutal es el balrog y su lucha contra Gandalf, que está calcada al libro y es todo lo que un seguidor de eSdlA desearía ver. La escena termina con un patetismo muy bien logrado, pues el efecto que la caída de Gandalf tiene en el resto del grupo y la entereza de Aragorn, logran emocionar al espectador, incluso sabiendo de antemano todo lo que sigue.

Así pues, una adaptación que continúa el buen hacer y los cambios menores (aunque extraños) del capítulo anterior.


En otra ocasión comprobaremos cómo les va a los héroes en Lothlórien.

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