Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

eSdlA, peli vs libro, II-7: El espejo de Galadriel


Si el viaje por Moria ocupaba dos episodios de El Señor de los Anillos, la parte de Lórien se extiende por un número de páginas similar, pero está estructurada en tres partes: llegada, estancia y partida, siendo este capítulo el segundo.

En el libro:

La Compañía, liderada por Haldir, alcanza al llegar la noche Caras Galadon, la Ciudad de los Árboles donde moran Celeborn y Galadriel. Con ellos mantienen una audiencia, en un salón construido sobre un ancho flet en el árbol de mayor tamaño de la colina central.

La Compañía relata la caída de Gandalf, y Celeborn se lamenta de la presencia de Gimli, como culpándolo por haber penetrado en Moria. Galadriel, sin embargo, se pone en su pellejo: «Oscuras son las aguas del Kheled-zâram y frías son las fuentes del Kibil-nâla y hermosas eran las salas de columnas de Khazad-dûm en los Días Antiguos antes que los reyes poderosos cayeran bajo la piedra. / Galadriel miró a Gimli, que estaba sentado y triste, y le sonrió. Y el enano, al oír aquellos nombres en su propia y antigua lengua, alzó los ojos y se encontró con los de Galadriel y le pareció que miraba de pronto en el corazón de un enemigo y que allí encontraba amor y comprensión. El asombro le subió a la cara y enseguida respondió con una sonrisa».

Galadriel los reconforta con buenas palabras, antes de escrutar detenidamente sus rostros, y Celeborn les ofrece hospitalidad y consejo futuro. La Compañía habla de esa prueba realizada por la Dama: «Cada uno había sentido que se le ofrecía la oportunidad de elegir entre una oscuridad terrible que se extendía ante él y algo que deseaba entrañablemente, y para conseguirlo sólo tenía que apartarse del camino y dejar a otros el cumplimiento de la misión y la guerra contra Sauron». Boromir se muestra firme: «No necesito decir que me rehusé a escuchar. Los hombres de Minas Tirith guardan la palabra empeñada».

Pasan en Lórien varios días, reponiéndose del cansancio y de la herida dejada por Gandalf en su recuerdo. Frodo trata de componer una canción al respecto («Cuando la tarde era gris en la Comarca / se oían sus pasos en la colina»). Una tarde, mientras Sam y Frodo pasean, Galadriel se aproxima y los llama, guiándolos hacia un jardín cercado, donde en una cavidad hay oculto un pilón de plata. «Lo que verás, si dejas en libertad al espejo, no puedo decirlo. Pues muestra cosas que fueron y cosas que son y cosas que quizá serán. Pero lo que ve, ni siquiera el más sabio puede decirlo». Sam contempla diversas escenas que se verán cumplidas de diferentes formas a lo largo de toda la novela.

La visión de Frodo es mucho más simbólica, con un navío de velas desgarradas, una fortaleza blanca con siete torres, llamas rojas, etc, hasta que aparece un Ojo rodeado de fuego. Galadriel le cuenta a Frodo que ella también ve al Señor Oscuro, y que se encarga de defender Lórien contra su asalto. Al gesticular, Frodo ve su anillo: «No está permitido hablar de él, y Elrond tampoco pudo. (...) En verdad, en el país de Lórien y en el dedo de Galadriel está uno de los Tres. Éste es Nenya, el Anillo de Diamante, y yo soy quien lo guarda». Frodo le ofrece el Único: «No niego que mi corazón ha deseado pedirte lo que ahora me ofreces. (...) Y ahora al fin llega. ¡Me darás libremente el Anillo! En el sitio del Señor Oscuro instalarás una Reina. ¡Y yo no seré oscura sino hermosa y terrible como la Mañana y la Noche!». Pero Galadriel logra rehacerse, «(...) y he aquí que fue otra vez una delgada mujer elfa, vestida sencillamente de blanco, de voz dulce y triste. / -He pasado la prueba -dijo-. Me iré empequeñeciendo, marcharé al oeste y continuaré siendo Galadriel».


En la peli:

Este capítulo es adaptado en las escenas Caras Galadon y El espejo de Galadriel, en ambos casos con algunos minutos añadidos en la versión extendida. Transcurren poco más o menos los mismos asuntos que en el capítulo, aunque algunos cambios empañan el disfrute de Lórien.

En primer lugar, esa forma de hacer que el bosque sea un lugar iluminado, incluso de noche, creo que es un error. La luz difusa da una impresión falsa, de cartón-piedra, e impide ver los detalles. Además, los diálogos se pronuncian pausadamente, con largos silencios entre los interlocutores, de manera que las escenas se alargan innecesariamente. Galadriel, por otro lado, con esos susurros y miradas, da la impresión de ser una bruja en la que no sabrías si confiar, cuando en realidad ofrece una cálida bienvenida. Por su parte, el papel de Celeborn ha sido disminuido al de mero consorte. Tampoco pasa nada porque, por una vez, sea el personaje masculino el que lo sufra, pero es que la novela parece reflejar una igualdad completa (con la salvedad de que Galadriel, de mayor abolengo y portadora de uno de los Tres, posee ciertos poderes sobrenaturales de los que Celeborn carece), mientras que en la película el Señor de Lórien carece de todo carisma.

En cuanto a los cambios a la propia trama, son escasos. La canción de Frodo desaparece, y Sam, que en el libro añade un pequeño epílogo sobre los fuegos de artificio, hace aquí lo mismo pero añadiéndoselos a la canción de los elfos. El personaje de Gimli sigue encasillado en ese puesto de secundario gracioso, y no hay nada más gracioso que unos molestos ronquidos. Jiji, qué simpático y original, señores guionistas.

Por lo que respecto a lo importante del capítulo, el vistazo al espejo, sólo Frodo es llamado por la Dama. Su visión en la película es poco más o menos la que tenía Sam en el libro, y de la suya, con una mayor carga simbólica, no queda más que el Ojo.

Una vez más, un capítulo dedicado a un refugio élfico no da la talla. En esta ocasión no es por los cambios realizados, sino por el aspecto de la propia Lórien.


El próximo día le diremos Adiós a Lórien.

4 comentarios:

  1. ¡Hola! :-)

    Sólo decirte que estoy leyendo todas las entradas que escribes sobre esta comparativa de ESDLA libro/película, me parecen muy interesantes, aunque no siempre las comente porque no se me ocurre qué más agregar a lo que tú ya dices.

    Te comento aquí en Lothlórien porque es mi parte favorita dfe "La Comunidad del Anillo". A mí no me disgusta cómo diseñaron Caras Galadhon (aunque me quedé con ganas de ver más de Lórien durante el día y contemplar Cerin Amoth), pero sí estoy contigo en que la pringaron dado esa ambigüedad tan rara al personaje de Galadriel; hay veces en que casi llega a dar miedo, de hecho mi hermana pequeña se asustó viendo esta parte de la película. Algo ha fallado, y mucho, en la película, si el personaje de Galadriel inspira inquietud y resquemor en lugar de paz y admiración, como es el caso de Elrond. Los guionistas lo justificaron diciendo que Galadriel sabía que el Anillo entraba en Lórien y que hasta que no se librara de la tentación de reclamarlo no podía ser plenamente "buena", pero sigue sin convencerme. Es uno de mis personajes favoritos y me fastidió mucho que le dieran esa faceta de bruja chunga.

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    1. A eso me refería. Un personaje que supone un apoyo para la Compañía, uno de los grandes líderes del Bien en la Tierra Media, es recreado de tal manera que (creo) alguien que no se haya leído el libro no sabrá por dónde va a tirar. Casi la encuentro más en su papel en la adaptación de «El hobbit».

      Respecto a Lórien, no es exactamente que no me guste su diseño. Los flets y las escaleras, así como el espejo, son fantástico. El problema (para mí) es la iluminación excesivamente blanca y excesivamente difuminada, que impide ver bien los detalles del lugar, y da la impresión de que todo sucede en una noche de luna llena (lo que sería muy correcto para las escenas nocturnas, pero no para las que suceden de día).

      ¡Gracias por comentar!

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    2. Quizás lo que comentas de la iluminación tiene cierto sentido para representar, tal y como decía el libro, que Lórien se trataba de un lugar que parecía estar separado de la realidad, como entrar en los Días Antiguos, donde el tiempo no parecía transcurrir de la misma manera. El hecho de presentar una iluminación y un aspecto en cierto modo irreal contribuirían a dar esa sensación onírica de estar, como decía Sam, "dentro de una canción". Pero claro, también se podrían haber usado otros métodos menos "evidentes" para provocar la misma sensación, y en cualquier caso estoy elucubrando, no sé si realmente esa era la intención de Peter Jackson y su equipo al diseñar el aspecto de Lothlórien ;-)

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    3. Supongo que sí, que ésa era la intención. No deja de ser cierto que la Compañía no supo cuánto tiempo pasó allí, hasta que Sam se sorprendió al ver la luna, ya fuera de Lothlórien. Pero cuando la veo en la pantalla, la sensación que tengo es de que todo transcurre en la misma noche, con una luna llena o similar.
      Prefiero el Lórien de la novela; incluso aunque, como comenta Legolas, sea una lástima que no llegáramos allí en primavera.

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