Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Útiles y pertrechos para el sendero (y II)


Hace ya algunos meses hablamos por aquí del calzado, la ropa adecuada y el bastón, elementos imprescindibles para darnos una buena caminata, incluso sin alejarnos mucho de casa. Hoy hablaré de otros elementos menores o secundarios, cuya presencia dependerá en gran medida de la duración prevista para la ruta, la distancia a una población (o a nuestro propio hogar) y del número de personas.

  • Agua. Se me olvidó en la otra entrada, por obvio. Aunque, salvo alguna excepción en forma de dura pendiente, el senderismo es un deporte relajado, eso no quita para que cualquier actividad al aire libre necesite una buena hidratación. Incluso si el lugar que visitamos está plagado de fuentes, nunca está de más llevarse una cantimplora o botella.
  • Aporte energético. Además del típico almuerzo o comida, cuya presencia dependerá de la ruta y el horario, puede venir bien llevar un pequeño extra en forma de barrita energética o pieza de fruta, sobre todo si el clima es adverso. En caso de fatiga repentina, un breve descanso y un poco de azúcar nos ayudarán a terminar la ruta en buenas condiciones.
  • Toalla. Todo aquel que tenga en cuenta la Guía del autoestopista galáctico sabrá que no debe salir de casa sin una toalla. Para los que crean lo contrario, simplemente les mostraré algunos usos no habituales, además de secarse el sudor para no pillar una pulmonía cuando hacemos un descanso en un lugar fresco: como prenda de abrigo alternativa; como parasol improvisado (que puede convertirse en portátil con la ayuda de unos palos y un poco de maña); como sujeción extra para llevar objetos (por ejemplo, si se rompe una correa de la mochila).
  • Botiquín. Es poco habitual que ocurran accidentes, pero si alguien tropieza o resbala o se hace una ampolla, puede venir bien, aunque a algunos puede bastarles con aplicar sobre la herida un poco de savia de lentisco. Con un botecito de antiséptico y algunas tiritas y gasas, a los que añadiremos ibuprofeno o similar, bastará. Aquellos que padezcan asma o alergias, no pueden olvidar su inhalador o antihistamínico. Por supuesto, si vamos en grupo bastará con un único botiquín. Considero que si salimos con niños, más propensos a las caídas, es indispensable.
  • Mapa o medio de localización. Y, ante todo, saber usarlos. Si la salida está algo alejada de nuestras referencias habituales (en mi caso, por ejemplo, cuando hago una ruta en el interior, lejos de la costa y de las cumbres que conozco), en el momento en que el sendero no esté debidamente marcado, podemos perdernos. Habitualmente, en la práctica del senderismo no va a pasar nada grave por perderse momentáneamente, ya que muchas veces lo único que debemos hacer es tomar otro sendero, y acabaremos llegando al sitio que deseamos. Sin embargo, esto puede alargar la ruta innecesariamente, o llevarnos lejos de ese paraje que queremos ver. Así pues, un mapa y una brújula, o GPS (o saber que en el hemisferio norte el sol al mediodía está al sur, y cosas por el estilo), nos ayudarán a saber la dirección que debemos tomar.
  • Prismáticos y cámara. Ideales si queremos observar bien el entorno y llevar un recuerdo a casa, pero completamente opcionales.
  • Teléfono o similar. Aconsejo llevarlo apagado, para disfrutar más del paseo. Pero aconsejo llevarlo, sobre todo si vamos solos o el día es breve. No sólo puede sacarnos de un apuro, sino que también estarán más tranquilas las personas que aguardan en casa.
  • Mochila. Para llevar todo lo anterior. Innecesaria para dar un paseo, pero indispensable para rutas largas. Si hacemos una ruta de algunas horas, un grupo de tres o cuatro personas pueden llevar una única mochila, turnándose para llevarla (o no). Como en el resto de elementos, debemos usar una mochila que se adapte a nuestras necesidades y a nuestro bolsillo. Para hacer una o dos rutas sencillas al mes, puede valernos esa vieja mochila del colegio que todavía guardamos en el armario, ideal para llevar las cuatro cosas que nos harán falta. Gastarnos el dinero en un «mochilón propulsado autoajustable» (como la ropa de Regreso al futuro II) solamente merecerá la pena para esas largas excursiones en las que pernoctemos.
Y creo que eso es todo, salvo que añadiéramos lo necesario para pasar la noche (y eso queda fuera, en realidad, de lo que sería el senderismo). ¿Alguien añadiría algo más?

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