Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania

Lustal, no tan seguro

Perdidos en la oscuridad del interior de Lüreon, con la única seguridad de hallarse todavía en las colinas al este de Lygra, una de las ciudades de Lustal, las Garras del Fénix encontraron al fin una especie de salida, pero que en realidad les volvía a sumergir en las profundidades de un túmulo largo tiempo olvidado.
Comenzaron la exploración con tiento, asegurándose de no disparar ninguna trampa, pero lo que no sabían era que el mal ya viajaba con ellos: tanto Vilem como Vaire, infectados por el polen del árbol negro, han sido poseídos por unos traviesos seres cuyos fines son insospechados. De momento, Guille y Eva (sus jugadores) pasaron muy buenos ratos con la complicidad del Narrador, tratando de poner en apuros al grupo. El efecto más dañino fue la transformación, de forma permanente, de Taffel en un ente gaseoso; no ya por el propio gnomo, que parece disfrutar, sino porque también fue transformada la lámpara azul que llevaba con él, y que es una de las siete 'llaves' para poder seguir adelante.
Naturalmente, el grupo ya lo ha descubierto todo, y el enfrentamiento quedó para el próximo día.
Una partida, como ven, realmente movida en cuanto a exploración y notitas al Narrador, pero que brilló por la ausencia de combate. Lo importante es que seguimos a un nivel aceptable, y seguro que nos queda poco para comenzar con esos grandes domingos de rol.

No hay comentarios:

Publicar un comentario