Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Un poco de tiempo con los Cayados de Levante

Mañana tenemos partida con el grupo oriental, y será la última hasta mediados de Febrero. No sé si recordarán el resumen de la anterior partida, pero sí es cierto que sería bueno adelantar algunas horas la narración sin que se necesite la correspondiente interpretación.
Tras 'limpiar' (en sentido rolero, claro) la cabaña de los semi-ogros y rescatar a los tres únicos supervivientes de los Dragones Negros, nuestros héroes descienden de las colinas en dirección a Trasutür, la principal colonia zalí en las Tierras Arrasadas. El grupo busca a un adecuado cirujano-barbero, que arregla un poco el muñón de Norath, todo lo que queda de su brazo derecho, y limpia las heridas del resto de heridas.
Ante la impaciencia del duergo, que quiere saber dónde puede hacerse construir un brazo mecánico, el viejo doctor le recuerda que los Mekranistas fueron prohibidos por el Imperio, y que toda esta organización se exilió en los desiertos septentrionales. La búsqueda, al parecer, está lejos de haber comenzado.
Mientras tanto, algunos de los hombres de la colonia han decidido ayudar a los Dragones Negros a recuperar la Fortaleza del Cuervo y acabar con la amenaza de los ogros. Una veintena de personas viajan hacia las montañas, y los Cayados de Levante van con ellos.

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