Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania

Vaire en 56 mm (I)

La verdad es que pensaba que ya les había presentado esta figura, y me alegro de no haberlo hecho todavía porque ha cambiado mucho desde entonces. La mini pertenece a la línea Warlord Saga de Andrea Miniatures, y, por supuesto, la adquirí en e-minis:

Esta espléndida figura fue de las primeras horneadas para la línea, y, como fan de la misma, no tardé mucho en hacerme con ella. Otra cosa, como siempre, es pintarla. Desde el principio tuve claro que esa miniatura representaba a Vaire, el personaje de mi querida Eva en el mundo de Lüreon, así que el color azul debía sobresalir sobre el resto. Así que empecé por la capa, con un fantástico turquesa, no sin antes preparar la peana (pegué una pequeña rama a modo de árbol, que acompañaba el movimiento del viento, y con masilla blanca realicé sus raíces y algunas piedras parecidas a la que proporcionaba la figura) e imprimar; también usé masilla verde y sustituí la coleta por un pelo largo y suelto:

Como pueden ver, había hecho el tono base para la piel, los ojos, la capa completa, el faldón completo (aunque la había cagado al intentar pintar una media luna, y tendría que repetirlo) y las piernas (como si llevara medias, o algo así). Pasó el tiempo, y pinté el color base del pelo y la peana al completo, y, como seguía sin gustarme que la figura mostrase tanta cantidad de piel (nunca me queda bien), pinté el torso con el mismo color de las piernas. ¿En qué estaba pensando? ¿En lycra?

Mientras pintaba la capa, por supuesto, me había dado cuenta del fallo que cometí al limar (lo pueden ver claro en la última foto). Así que me lié la manta en la cabeza y supe que había que hacer algo... aunque hasta hace un par de semanas no supe qué. Con decisión, enganché la masilla verde y mis herramientas de esculpir (un abre-cartas, el mango de un pincel viejo y un palito) y me puse manos a la que yo creía sería larga obra: realizar una camisa que ondeara al viento. Y la verdad, no tardé más de media hora en quedar contento. Tan contento, que también aumenté la cantidad de pelambrera. Y, aún más, convertí esa especie de faldones en una única falda de amplio vuelo, con la típica raja sexy en un lado. Joer, y eso que plástica siempre me costaba... También me sucedió algo curioso: la parte de la masilla que queda más abajo, más alejada de las partes 'fijas' de la figura, una vez seca quedó... ligeramente elástica; podías mover el faldón arriba y abajo, y luego volvía a su sitio despacito. Como podía ser un engorro para pintar, se me ocurrió (además de ponerle una gotita de pegamento donde el faldón toca con la piedra) darle un par de pinceladas con el endurecedor de uñas de mi novia; además, como eso creaba una capa gruesa, me servía para tapar las imperfecciones de mis útiles improvisados.

Naturalmente, ya que estaba, arreglé todos los desperfectos que vi en la figura... así que fue como volver a empezar:
Ahora ya tengo la imprimación (les dejo primero una imagen del paso anterior para que puedan comparar, y vean que si uno se atreve, no es tan difícil):

1 comentario:

  1. Espero que al final te quede perfecta, porque después de todo el trabajo seria una lástima que no te terminara de gustar, así que sigue "atreviéndote" y déjala para museo.

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