Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania

La última del año

Esta vez no hay foto de grupo (las suelo hacer yo, y ese día no tuve ganas de enganchar la cámara), así que iremos poco a poco:

Los primeros, un servidor, como Narrador, y mi querida Eva, con la discípula del dragón, Idriel, que sigue con su papiroflexia.
(Por si alguien tiene dudas, el Narrador es el de la barba roja).

Luego estaba Rob, que, fallecido Jirebrak, se entretenía con el druida Meril (de Anabel) y el mercenario Balkar (de Alex).

Estooo... Vamos a suponer que Guille se metió demasiado en el papel de su hechicera Olië.

Ana pillada en flagrante carcajada. Por supuesto, llevaba a Lethan, el cazarrecompensas.

Aunque las minis se ven bastante mal, la pantalla del Narrador, de Conan RPG, es impresionante.

Para retomar la Fortaleza del Cuervo, los jugadores se decidieron por el plan de Llakardros, dividiendo sus fuerzas en tres, formando ellos mismos el grupo nº 1, que llevaba el peso de la batalla. En la pizarra, un mapa esquematizado, el plan por orden secuencial y la composición de los grupos.

De nuevo, Eva con sus papelitos, y el Narrador lanzando un dado. No fue una de esas partidas con tiradas abrumadoras en contra de los jugadores, aunque sí hubo varios momentos de tensión cuando cinco de los personajes quedaron con los Puntos de Vida reducidos de tal manera que un ataque con éxito los hubiera eliminado.

Y bueno, a falta de figuras para representar a una naga, se usó el tapón de la cola blanca.

Las bromas con las florecillas seguían, claro.

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