Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Iridio, el material de la magia


En Lüreon, existe un metal muy buscado por sus propiedades de enaltecimiento mágico. Los magos y hechiceros llevan colgados collares de este material para aumentar la fuerza de sus sortilegios, anillos y varitas se construyen también con él para dotarlos de la capacidad de retener el poder mágico, y es uno de los componentes de muchas «recetas» alquímicas. Se trata del iridio, que es llamado selen ketei («hierro de la luna»), y hoy me gustaría hablarles de cómo calculé su precio en relación con la campaña de juego. Tal vez pueda serles útil en sus propias ambientaciones.

Este hierro de la luna se obtiene en la región de Kalmat, donde cada cinco años (tras la periódica aproximación entre las lunas Balella y Registania -esta última es en realidad un asteroide-) se produce una lluvia de pequeños meteoros. Los cábiros, refugiados en sus colinas al norte de la nación, reconstruyen entonces las sencillas edificaciones temporales que hayan sido afectadas, o las construyen desde cero si han sido destruidas, y comienzan a extraer el metal.

El iridio existe en nuestro mundo, aunque es mucho más mundano y no posee poderes especiales (o tal vez sí, pero no somos capaces de utilizarlos). Es el segundo elemento más denso (detrás del osmio), el más resistente a la corrosión, y su nombre le fue otorgado recordando a Iris, debido a los llamativos colores que forman sus sales. Es muy poco abundante en la corteza terrestre (aunque al parecer forma junto al hierro y al níquel el núcleo del planeta), y mucho más en meteoritos. La producción media anual se sitúa en las tres toneladas, y su precio cambia muchísimo de año a año, debido a la especulación y el acaparamiento, unido al relativamente pequeño tamaño del mercado. Puede realizarse un promedio de 425-460 dólares por onza troy.

El primer paso es olvidarme de las onzas, que a mi oído resuena como muy moderno (a pesar de no serlo). Buscando otra unidad de peso de nombre raro, descubrí que en Castilla existía el adarme, la dieciseisava parte de la onza (1'79 gramos) y divisible en tres tomines. Existen onzas de 28 gramos, pero la onza troy es de 31'1 gramos. Si además lo paso a euros, me daba unos 18'6 euros por adarme de iridio.

Hace tiempo calculé (mediante el precio del pan y los sueldos medios) que aproximadamente un escudo de plata de Lüreon equivalía a 20 euros. Sin embargo, el cambio de 1 escudo por 1 adarme de iridio me parecía muy escaso. Pero claro, las tres toneladas de producción anual de nuestro mundo no pueden compararse con los escasos cinco kilogramos (no puros) que se obtienen en el total de cinco años de Lüreon. Sabiendo que el poder adquisitivo de los que compran el iridio será siempre bastante alto, pero también sabiendo que el gobierno de Kalmat, la Liga de Exploradores y el Concilio de la Balanza se han asegurado de crear una legislación que evite monopolios y especulaciones, coloqué el precio del iridio en 100 escudos por adarme.

Ahora bien, la obtención no es igual a lo largo de los cinco años. Los 2800 adarmes (cinco kilogramos) se reparten de la siguiente manera: unos 1450 adarmes el primer año, 700 el segundo, 350 el tercero, 200 el cuarto y 100 adarmes el quinto. El precio, por tanto, variará en consecuencia, y haciendo una muy sencilla gráfica de oferta-demanda obtengo: 50 escudos por adarme el primer año, 100 el segundo, 170 el tercero, 220 el cuarto y 330 escudos por adarme el quinto y último año. El precio aumenta desproporcionadamente hacia el final de esos cinco años, y se desploma cuando sucede la aproximación entre las lunas.

Y eso es todo. Naturalmente, estos cálculos no son en absoluto necesarios, ni tampoco algo que pueda hacerse con todos los productos extraños de la ambientación. Sin embargo, el hierro lunar y sus propiedades mágicas serán algo muy utilizado si mis jugadores logran que sus personajes se hagan con la ciudad voladora (ya que su «motor» está alimentado con iridio). La escasa producción hace que, tal vez, el grupo deba comerciar con cierta dureza para conseguir una buena parte del botín.

Lo interesante es que dentro de poco (en el tiempo de la campaña), llegarán los meteoritos, y Kalmat se encuentra todavía bajo el yugo imperial. La producción de iridio corre el peligro de desaparecer íntegramente bajo las garras del Emperador-Liche...

2 comentarios:

  1. me veo a cierto grupo asaltando la casa del emperador al grito de ¡danos nuestro iridio!

    lo que no consiguen la opresión, la esclavitud y la persecución religiosa lo conseguira el oro. era eso o amenazar con quitar px a los jugadores ;)

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    1. jejeje Como se nota que los conoces, Ki.

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