Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Notas de Inier Hojamarga (IV)

Después de mostrarles los fragmentos previos (I, II y III), continúo con otro trocito de estas falsas anotaciones que les estoy haciendo llegar a mis jugadores. Decía en la última que tal vez, si sobreviven a todo y logran hacer volar el enorme aparato, consigan los personajes hacerse un hueco en el gobierno de la ciudad. Mi intención es que, con la ayuda del sin par Trisio, logren crear un órgano de gobierno y ocupen diferentes cargos según sus habilidades, tal y como aparece en las reglas de gobierno de Kingmaker (serie de aventuras que, como saben, nos disponemos a jugar). Por otro lado, y si todo sale bien, mi intención es que los personajes realicen luego unas cuantas aventuras en la misma ciudad, limpiando áreas de nuevos peligros, o haciendo frente a los problemas que una biotecnomagia desconocida para todos puede acarrear. Es decir, que como en la serie Stargate Atlantis, al mismo tiempo que se enfrentan a aventuras exploratorias y batallas diversas, deberán investigar cómo funcionan los diferentes mecanismos de la ciudad, eliminar ciertas guardas peligrosas para la floreciente población que se instalará en ella y otro montón de cosas que ni siquiera se han pasado todavía por mi mente.
Sobre el fragmento de hoy, un par de comentarios. Lo primero, respecto a ese viejo rico que aparece en cierto momento: se trata de un dragón oculto durante generaciones en Canalburgo, y que los personajes conocieron en su última visita a la ciudad. Lo segundo respecto a la falta de iridio: mis jugadores ya están pensando en asaltar Kalmat (actualmente bajo el control imperial) para hacerse con un buen cargamento del pesado metal.
Sin más, les dejo con el cuarto trocito. Recuerden que son las palabras de un albo bastante borde... 


Pero, ¿cómo funciona (o funcionaba) aquella dichosa ciudad voladora? ¿Y era una ciudad entera, ciertamente? ¿O más bien algo del tamaño de una fortaleza?

El maldito Ärulen Thelion, así los espíritus borren por siempre su nombre, poseía una información digna de ser escuchada. Su fuente había sido un viejo rico que años atrás habitaba esporádicamente en una mansión de la siempre maloliente Canalburgo. Un viejo obsesionado por el vuelo y los aparatos con dicha capacidad, y que afirmaba descender de uno de los hombres que acompañó a Kinaël en la búsqueda de la ciudad voladora, y luego en los viajes sobre la misma.

Al parecer, el punto central y más importante del funcionamiento de la ciudad voladora es una tecnología depuradísima colocada por medio de una manipulación mágica concreta sobre cierto organismo. Cuando los demonios hicieron desaparecer de la faz de Lüreon a aquella raza privilegiada que creó semejantes invenciones, esa tecnología se perdió, esa magia se olvidó, y de esas criaturas nunca más pudo saberse.

Aunque sólo son especulaciones, Ärulen piensa que la criatura era un ser magiótrofo (esto es, que se alimenta de magia) sostenido por un condensador de flujo de iridio. Los procesos anabólicos permitirían el crecimiento del organismo según los patrones deseados, y posteriormente el catabolismo le dotaría de movimiento.

Esto es lo que el theliónida me ha contado, aunque para mí es poco más que cháchara inservible. Lo importante es que esa ciudad es actualmente única, pues no hay forma de saber de dónde salieron aquellos organismos. La cuestión es si todavía sigue viva la criatura sobre la que viaja la ciudad, y si la respuesta es afirmativa, lo siguiente es averiguar cuánto iridio consume, y hacerse con una buena cantidad.

2 comentarios:

  1. No, no es cuánto iridio consume. Sino a cuánto va a estar el iridio que consuma. Si se montan guerras por él, para fabricar diversas cosas, imagina si es el combustible de una ciudad aérea.

    El Hojamarga no se entera de mucho, así me lo parece.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Interesante pregunta... ¿a cuánto está el iridio? Ya lo he calculado, pero me reservo la respuesta para explicar mis cálculos en una próxima entrada. Toma cliffhanger.

      Eliminar