Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Notas de Inier Hojamarga (III)


Tercera entrega (tras I y II) de esta serie de fragmentos que estoy haciendo llegar a mis jugadores, en relación con el arco argumental que va a ocupar nuestra campaña durante el presente año. Al adaptar la campaña de Kingmaker he decidido eliminar toda la parte de la creación y el mantenimiento de un reino (centrándome únicamente en los diferentes encuentros), básicamente porque toda esa trama la he situado en una región de Paelia, una nación civilizada pero que tenía esta zona un tanto abandonada. Ahora bien, la verdad es que me interesaba todo aquello de que los PJ manejen los hilos gubernamentales y se enfrenten a tramas políticas al mismo tiempo que conservan sus salidas exploratorias y otras aventuras más tradicionales. Para eso, como ya les conté, el grupo conseguirá hacerse con la ciudad voladora, si todo les sale bien y sobreviven a la Muerte Blanca y a las nieves eternas de Kveldulf. Ahora bien, junto a ellos viajan una multitud de trabajadores y mercenarios a las órdenes de Trisio (miembro de la Liga de Exploradores), contratados por capitales de diversos inversores. Lo cual quiere decir que si las Garras se hacen con la ciudad, lo cierto es que tendrán que asegurarse su control. No será muy difícil, puesto que tienen a Trisio de su parte y no hay nada mejor que un grupo famoso de aventureros para tomar las riendas políticas de una ciudad nueva. Así pues, usaré esas reglas de gobierno que aparecen en Kingmaker (en realidad, extendidas en un tal Book of the River Nations que todavía no he leído), y espero que los jugadores elijan bien sus puestos en el consejo de la ciudad. Ya continuaremos con esto otro día.
Aquí tienen el tercer trocito. Recuerden que son las palabras de un albo bastante borde...

Cuando Kinaël atacó los campamentos de las tropas etonécilas no estaba actuando, aunque desesperado, sin un plan previsto. Meses atrás había conseguido un arma que las superaba a todas.

Es difícil averiguar datos adicionales de una historia que sucedió hace ya cinco siglos, en el seno de una civilización que tan pronto olvida su pasado. Mas, con mucho tino y algo de suerte, logré descubrir que Kinaël había realizado un viaje a las Orodrim Morsue, las mal llamadas Montañas Traviesas.

Allí, entre la bruma perpetua que liberan las decenas de volcanes, y tras superar las peligrosas barreras impuestas por los restos mágicos causados por la Tercera Guerra del Delta, Kinaël encontró un tesoro como jamás se ha visto: la antigua ciudad voladora de la antigüedad. Fue, al parecer, un instrumento de guerra usado por los albos en su lucha contra los cábiros de Nylia. Mas, sin embargo, su creación pertenecía a una era anterior, cuando nuestra noble raza todavía estaba en pañales, y su magno destino no era más que una promesa de futuro. La ciudad acabó cayendo en una de las altísimas mesetas de la parte central de las Orodrim y, perdida su magia, quedó allí abandonada.

Estas y otras cosas las averigüé gracias a Ärulen, el mayor enemigo de los Hojamarga. Lo que tuve que proporcionarle a cambio tal vez le permita ganar la batalla final entre nuestras familias, mas me veo obligado a reconocer que ha merecido la pena.

2 comentarios:

  1. ¿Te das cuenta de que va a acabar como el Rosario de la Aurora, verdad?

    Eso contando como bien dices, si sobrevivimos.

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    1. Ésa es la idea, compañero. Luego habrá grupos que deseen hacerse con tan preciado botín, y todo el rollo. Pero eso será para el décimo año, claro...

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