Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Mitología cábira (I)

Aunque se le conoce generalmente como panteón cábiro, el culto a estas deidades en realidad tiene su origen en la nación de Nylia (y, por tanto, no está extendido a todos los cábiros, sino sólo a una parte) y, además, las gentes de algunas naciones fersas las han acogido como propias (sobre todo Ilder y Paël, pero también Arëk). Ya dijimos en la entrada sobre las creencias albas que los habitantes de Lustal, en el tiempo de las Guerras del Delta, habían creado una literatura mítica sobre estos entes.
Hoy les traigo las cuatro primeras deidades (por orden alfabético, no de poder relativo), de la veintena que componen el panteón.


Anqiara
Criatura perversa y retorcida, llena de odio, envidia y maldad. Tiene control sobre los dolores ocultos pero no olvidados, el rencor alimentado a conciencia y la venganza silenciosa. Su culto está constituido por sectas independientes con líderes fuertes y aviesos. Disfrutan con los secretos, usándolos para atarse unos a otros por falsa lealtad. Buscan objetivos prácticos para el avance de los suyos, evitando en general ser descubiertos por la población. Dedican sus esfuerzos a promover el derrocamiento de gobiernos, fomentar el patrocinio de vengadores u organizar cábalas secretas para captar nuevos miembros.


Balenqi
Deidad maliciosa del mar. Aunque no puramente malvada, rompe acuerdos por puro capricho y siente un cierto placer viendo a los que no la adoran morir ahogados o en las fauces de sus depredadores marinos. Vanidosa y deseosa de halagos, codicia en exceso el poder y se deleita ejerciéndolo. Sus templos son principalmente medios para que los marinos y mercaderes hagan ofrendas de velas, flores, golosinas o tesoros, con las que aplacar la ira de la diosa. Su clero se sustenta económicamente gracias a estas ofrendas. El culto está desorganizado, y funciona de forma diferente en los distintos lugares.


Barqten
Es una deidad severa, justa e inflexible, que lidera la lucha contra el mal y la injusticia. Su corazón está lleno de bondad y es amable y simpático cuando trata con amigos fieles, con los débiles y los jóvenes. Su culto es muy popular, y tiene a su servicio varias órdenes de combatientes y paladines. El culto entrena, guía, proporciona santuario y ayuda a los guardianes, caballeros leales, paladines y miembros de la corte. Envía agentes en persecución de los corruptos, y se mantiene al tanto de los problemas inminentes debidos a grupos hostiles.


Daliatir

Deidad extraña y enigmática, cuyo dominio es el fuego. Siente poco afecto por la mayoría de sus seguidores, salvo en el caso de los cábiros de Dalarcia, a quien recompensa con frecuencia. En ocasiones salvaje y bestial, y un tanto celosa de otras deidades. Su culto está muy poco jerarquizado, repartiéndose por las áreas poco civilizadas. Trabajan para evitar el aumento de la densidad de población, considerando que forma una amenaza para el mundo natural.


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