Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Mitología cábira (IV)

Una vez más, cuatro deidades pertenecientes al panteón de los nylios.

Sarga
Dios asociado a los dominios de la noche y el engaño, y por tanto patrón de los ladrones. Deidad serena y confiada, aficionada a los planes complejos y tramas intrincadas. Cauto pero impasible, siempre con apariencia de estar reprimiendo un comentario burlón. Su culto es más parecido a una cofradía de ladrones que a una organización divina. Promueve el sigilo por encima de la confrontación. Adinerados, sus miembros usan las ganancias para influir en acuerdos y manipular a la gente. Maquinan tramas y patrocinan a cofradías o ladrones independientes.

Selia
La diosa del deseo y de la belleza, asociada en algunos lugares al ámbito de la navegación. La más bella de las deidades, benévola y a veces caprichosa. Alterna entre las profundas pasiones y los flirteos ocasionales, gusta de la atención y los halagos sinceros, y evita todo lo que es horrible o aburrido. Ama y cuida de sus seguidores, que a cambio manifiestan y protegen la belleza del mundo. Su culto es muy informal, y en general está liderado por los clérigos más carismáticos. Sus templos son bellos, y están construidos de forma que incluso sus rincones sean siempre sorprendentes. El culto sirve como mecenas a artesanos, ayuda a crear relaciones y vínculos, y acosa a los que destruyen las cosas bellas.


Tariqte
A pesar de estar asociada a la muerte y la oscuridad, la deidad no se comporta de forma maligna ni secretista, y es por tanto la señora de la justicia. Entre otras tareas, Tariqte asigna las esencias de los fallecidos a su lugar correspondiente, juzgándolos de forma justa e imparcial. Es amable, franca y seria, aunque deba ser en general severa. Generalmente no actúa de forma directa, anticipándose con mucho a las consecuencias de sus acciones y las de otros. Su culto ayuda a los moribundos y a los familiares de los fallecidos. Sus fieles asisten a funerales y entierros, resuelven los asuntos pendientes del difunto y ejecutan sus últimas voluntades. Como único pago, el culto reclama para sí las propiedades de los que mueren sin herederos. Sus seguidores cazan a no-vivos para darles descanso eterno, aíslan las zonas con plagas y mantienen las cuarentenas en vigor. Sus rituales son numerosos, y en todos ellos se recuerdan las hazañas de los héroes del pasado.


Toran
Señor de la protección, patrón de los guardianes. Deidad serena y entregada, a veces puede resultar indiferente o falto de emoción, pero está dedicado a su labor, y orgulloso de anteponerla a todo lo demás. Muchos creen que daría su vida para proteger a alguien que se pusiera a su cargo. Siente devoción por los niños, y tolera sus infracciones menores más fácilmente que las de otros. Los templos de Toran suelen estar situados cerca de áreas peligrosas, donde constituyen una línea de defensa de la civilización. Las ciudades principales suelen disponer al menos de una capilla, pues sus clérigos son excelentes guardias o líderes de éstos. El culto defiende que sólo los seguidores de Toran son guardianes de confianza y totalmente fiables. Mantienen una estricta jerarquía militar, y cualquier clérigo puede determinar su rango en relación a los otros.

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