Mekania no parecía desde la distancia una ciudad que pudiera competir con las grandes metrópolis de Lüreon. No contaba con la gloria histórica de Videços, ni convivían en ella tantas culturas como en Canalburgo; no poseía la monumentalidad de su vecina Antagis, y ni siquiera la ceñía muralla alguna. Para su defensa, los mecanienses confiaban en lo escarpado del promontorio sobre el que, en tiempos remotos, los primeros alanos habían decidido fundar Lôj Megäniya, el Cerro del Pino Negro.
Sonata de Mekania, novela en construcción

Creencias albas

Las gentes de Lüreon piensan que los albos comparten las creencias de los cábiros de Nylia, y adoran por tanto al panteón liderado por Daruqu y Tariqte. De hecho, la mayor parte del mundo piensa que los nylios tomaron ese panteón de los albos, años después de las Guerras del Delta.
Sucedió más bien al contrario. Al comienzo de dichos enfrentamientos, los albos estudiaron a sus enemigos. Entre otros detalles, se encontraron con un panteón fragmentado que contaba con versiones radicalmente distintas. El afán artístico llevó a algunos de ellos a la reescritura de estos mitos, lo que ayudó a que se fijara una tradición más homogénea.
Otro día hablaremos de esa tradición, mientras que hoy nos centraremos en las creencias auténticas de los albos. {Si en lo siguiente encuentran parecido con el sintoísmo o el tengrismo, no andan equivocados}

Los albos designan a sus creencias con el nombre de Tie-Fearon, la Senda Espiritual. Según ellos, cada roca, animal, corriente de agua o incluso ciertos lugares especiales, posee su propio fea («alma», «espíritu»), que es siempre fuente de admiración, respeto y temor. Como es lógico, algunos entes, como el océano o ciertas montañas, parecen cargados con mayor fuerza que otros, y lugares de peculiar fuerza y belleza merecen un culto especial. También se rinden honores a los antepasados y a determinadas personas notables, que aún en vida poseen una esencia vital por encima de lo normal.

Los primeros lugares sagrados fueron simplemente parajes naturales de notable belleza, cercados por una sencilla cuerda o una cerca de madera. Pequeños altares familiares, estatuas en la orilla de los caminos o de los ríos, y con el tiempo grandes santuarios, fueron elevados para adorar al fea.

No existe un sistema de doctrinas, ni un credo, ni tampoco ideas religiosas formuladas. Simplemente es necesario preocuparse por expresar admiración y respeto por todo lo que existe. Las prácticas de estas creencias incluyen las oraciones y ofrendas para honrar al fea, y la limpieza de impurezas personales para aplacar su cólera. Se otorga una especial importancia a la limpieza y la pureza, sintiendo un gran respeto por la muerte, las enfermedades y la sangre. Verbigracia, el acceso al interior de los santuarios o la proximidad a ciertos lugares sagrados están vedados a enfermos, a personas con heridas sangrantes o a aquéllas con luto reciente.

Algunas personas, por la unión especial entre su alma y el conjunto de Lüreon, son capaces de comunicarse en ciertas ocasiones con estos espíritus, solicitándoles favores y ruegos. Este acceso especial al aspecto más terrenal del fea ayuda a las comunidades a mejorar sus condiciones de vida o a luchar contra sus enemigos. La persona dotada con estas habilidades es llamada Dama o Señor de la Canción.

2 comentarios:

  1. Una capacidad más que útil la del Señor de la Canción. Supongo que es posible que algunos se erijan "sacerdotes" de su comunidad.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hombre, lo más cercano a un sacerdote es precisamente el puesto de Dama/Señor de la Canción. Pero ya te adelanto que el concepto religioso es bastante distinto para los albos, y lo del clero es para ellos una idea más bien fersa.

      Eliminar